El sector eléctrico panameño necesita modernización, no solamente respuestas temporales

Descripción de la publicación

Ing. Nanik Singh Castillero, MRE, MEEM

8/6/20265 min read

shallow focus photo of man fixing steel cable
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Durante las últimas semanas, Panamá ha sido escenario de un creciente descontento ciudadano relacionado con el servicio eléctrico. Redes sociales, medios de comunicación y diversos sectores de la sociedad reflejan una preocupación que trasciende el monto de las facturas, desconfianza en el registro de información. Es decir, existe una percepción generalizada de que el sistema ya no responde adecuadamente a las necesidades actuales de los usuarios.

Como ocurre en cualquier debate público, surgen múltiples hipótesis y análisis. Algunos atribuyen el problema a errores de medición, otros a incrementos tarifarios, mientras que también existen cuestionamientos sobre la calidad del servicio y sobre la estructura misma del mercado eléctrico. En fin, elementos que muchos panameños pueden atestiguar.

Existe una realidad que merece ser analizada con serenidad y objetividad, y es que el sistema eléctrico panameño fue diseñado bajo condiciones económicas, tecnológicas y sociales muy distintas a las que enfrenta el país en la actualidad. La Ley 6 de 1997 representó una transformación importante para Panamá. Permitió atraer inversiones privadas, fortalecer la generación, desarrollar un mercado mayorista competitivo y brindar estabilidad durante más de dos décadas. Y esa gestión ha llevado a Panamá a contar con un sector energético competitivo en comparación al resto de los países de la región. Gracias a ese modelo fue posible acompañar el crecimiento económico del país y aumentar significativamente la capacidad instalada de generación. Hoy cercana a cinco mil mega vatios, para una demanda de alrededor de dos mil mega vatios.

Sin embargo, ningún marco regulatorio permanece vigente indefinidamente sin requerir ajustes. En casi treinta años, Panamá ha cambiado profundamente. Los hogares consumen electricidad de manera muy distinta. Donde antes existía una refrigeradora y algunos focos, hoy es común encontrar múltiples equipos de aire acondicionado, computadoras para teletrabajo, internet permanente, televisores inteligentes, cargadores de teléfonos, electrodomésticos más sofisticados y, próximamente, vehículos eléctricos. Muchos hogares que se han convertido en pequeñas empresas de emprendedores han aumentado carga aspirando a crear nuevas empresas en Panamá.

El consumo eléctrico dejó de representar únicamente comodidad; hoy constituye una herramienta indispensable para trabajar, estudiar, emprender y participar en la economía digital. Al mismo tiempo, la matriz tecnológica también ha evolucionado. La energía solar ha reducido drásticamente sus costos, el almacenamiento mediante baterías comienza a convertirse en una alternativa económicamente viable, la movilidad eléctrica avanza en todo el planeta y aparecen nuevos consumidores intensivos de energía, como los centros de datos (Data Centers), cuya instalación exige una planificación energética de largo plazo.

Aunque hoy en día varios expertos del sector indican que muchas de las reglas que gobiernan y regulan el mercado eléctrico panameño continúan respondiendo a una realidad de finales de la década de 1990. Esta situación invita a reflexionar sobre varios aspectos. Uno de ellos es la estructura tarifaria residencial. Durante muchos años los escalones de consumo pudieron reflejar razonablemente el comportamiento de un hogar promedio. Hoy vale la pena preguntarse si esos mismos umbrales continúan representando la realidad del país. Qué cambio y cómo se dan estos nuevos patrones de consumo.

Cuando un hogar moderno incorpora equipos indispensables para la vida cotidiana, es natural que su consumo aumente respecto al de hace treinta años. La discusión, por lo tanto, no debería limitarse a cuánto consume una familia, sino a si los parámetros regulatorios utilizados para clasificar ese consumo continúan siendo técnicamente apropiados. Es similar al cambio que se ha dado en el tiempo a los intereses preferenciales.

Otro aspecto relevante es la calidad del servicio. La digitalización de la economía exige una red eléctrica más robusta, resiliente e inteligente. Pequeñas variaciones de tensión, interrupciones momentáneas o fluctuaciones que anteriormente podían pasar desapercibidas hoy generan pérdidas económicas, afectan equipos electrónicos, interrumpen procesos industriales y perjudican a miles de personas que trabajan desde sus hogares.

La calidad del suministro debe convertirse en un objetivo estratégico del país y medirse utilizando indicadores que reflejen las nuevas necesidades de la economía digital. También resulta indispensable revisar la planificación del crecimiento del sistema. Panamá se encuentra ante una oportunidad histórica para atraer inversiones relacionadas con inteligencia artificial, centros turísticos, centros de datos, manufactura tecnológica y electrificación del transporte. Estos proyectos requieren grandes cantidades de energía confiable, disponibilidad de agua en algunos casos y una infraestructura eléctrica moderna.

Su incorporación no puede analizarse proyecto por proyecto, sino mediante una visión integral que garantice que el crecimiento económico no comprometa la confiabilidad del sistema ni incremente innecesariamente los costos para los demás usuarios. De igual manera, el país debe acelerar la incorporación de nuevas herramientas tecnológicas. Las redes inteligentes, los sistemas avanzados de medición, el almacenamiento de energía mediante baterías, la gestión activa de la demanda, las microrredes y una mayor participación de los consumidores como productores de energía ya forman parte de la evolución del sector eléctrico en numerosos países.

Estas tecnologías permiten mejorar la resiliencia, reducir pérdidas, optimizar inversiones y ofrecer un servicio más eficiente. Modernizar el sector eléctrico tampoco significa abandonar el modelo de mercado que Panamá ha construido durante décadas. Tenemos que enfocarnos en fortalecerlo. Esto quiere decir que es necesario actualizar las reglas para que continúen promoviendo competencia, inversión privada, innovación tecnológica y protección al consumidor. Así podremos asegurar que las futuras concesiones de distribución, previstas para los próximos años, respondan a los desafíos del siglo XXI y no únicamente a las necesidades del siglo pasado.

Desde el Consejo Interamericano de Comercio y Producción (CICYP) consideramos que este es un momento oportuno para abrir un diálogo técnico, amplio e inclusivo sobre el futuro del sector eléctrico panameño. Las reformas regulatorias no deben surgir como respuesta a una coyuntura, estrategia política o a la presión de la opinión pública. Esta situación debe convertirse en una oportunidad para mejorar. Los cambios legislativos y regulatorios deben construirse con base en evidencia técnica, análisis económico, experiencias internacionales y la participación de todos los actores involucrados, desde las autoridades, el sector empresarial, la academia, gremios profesionales, consumidores y especialistas. El esfuerzo para desarrollar un nuevo lineamiento legal requerirá la aplicación técnica y profesional para materializar los cambios en normas técnicas modernas.

Panamá cuenta con las condiciones para convertirse en un referente regional en materia energética. Aquí se dispone de una ubicación estratégica, una matriz de generación diversificada, aunque requiere de una participación balanceada de las diferentes tecnologías, contamos con experiencia en operación de mercados eléctricos y un creciente interés por atraer inversiones vinculadas a la economía digital, sector turismo, industrial y la transformación energética.

Aprovechar esas ventajas requiere una visión de Estado. El debate actual representa una oportunidad para mirar más allá de la factura del próximo mes y comenzar a diseñar el sistema eléctrico que Panamá necesitará durante las próximas décadas. Porque, al final, la verdadera discusión no consiste únicamente en cuánto cuesta la electricidad. La verdadera discusión consiste en qué tipo de sistema eléctrico queremos construir para el desarrollo económico, la competitividad y la calidad de vida de los panameños. Que el costo eléctrico refleje una estructura competitiva de ofertas, que brinden un buen servicio a un precio adecuado a las necesidades reales de nuestros hogares, comercios e industrias, para que esto nos lleve a una posición competitiva y se transforme en desarrollo económico y tecnológico para Panamá.

Ing. Nanik Singh Castillero, MRE, MEEM

Secretario Junta Directiva CICYP

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